Emociones: la base para entender mejor nuestra relación con Dios
- Teresa Lynn Armstrong
- 31 jul
- 3 Min. de lectura

Es diferente preguntar a alguien “¿Cómo estás?” que “¿Cómo te sientes?”. Aunque puede parecer que se pregunta lo mismo o que se pueden responder de la misma manera, no es así. La primera implica una condición o estado actual, un ser o estar, que muchas veces es observable; la segunda se refiere a una experiencia interna y subjetiva de las emociones.
De acuerdo con Marc Brackett, el Director Fundador del Centro para la Inteligencia Emocional en Yale, las emociones son señales que siempre están diciendo algo (Brackett y Stern, 2023). Representan una reacción a algún estímulo que se presenta o a una situación que la persona está viviendo; son el medio a través del cual el ser humano conecta su realidad interior con su contexto o circunstancia.
Las emociones son un don que Dios da a cada individuo y que lo mueven ante toda situación o hecho concreto; por ello, la persona se convierte en responsable y dueña de sus propias emociones y, a su vez, de su propio estado emocional.
El ser humano es primero un ser emocional y después un ser racional. Así que, si la persona se permite procesar sus emociones como información (Brackett y Stern, 2023), entonces puede aprender a reconocer, identificar y entender qué emoción se siente, cuándo se siente y por qué se siente, para descubrir el tipo de reacción que vive ante las diferentes situaciones o contextos y manejar responsablemente sus estados emocionales.
En la relación personal con Dios, cada ser humano experimenta diferentes emociones. Es muy importante poder identificar qué emoción se siente en cada aspecto de esa relación. ¿Qué emoción se experimenta durante la oración diaria a Dios?, ¿Qué emoción se siente al llegar a misa?, ¿Qué emoción invade a la persona al recibir la Sagrada Comunión?, ¿Qué emoción se vive al salir de misa?, ¿Qué emoción causa en la persona estar ante la imagen de Jesús, de Dios, en la Iglesia o en la casa?, ¿Qué emociones se perciben antes, durante y después de la Confesión?

Marc Brackett identifica 100 emociones en su Mood Meter (Medidor Emocional)1, que van desde menos placenteras y baja energía, hasta muy placenteras y alta energía. La persona es capaz de vivir e identificar todas esas emociones; sin embargo, por limitaciones impuestas o adoptadas, solamente se centra en unas cuantas. Después de conocer esta amplitud de emociones, si la persona abre sus posibilidades de lo que puede sentir ante Dios, es capaz de entender y manejar mejor su propia relación con Él.

Como preguntan Brackett y Stern (2023): “La emoción que se siente, ¿cómo puede influir sobre el pensamiento y la decisión de abordar o acercarse a algo, o incluso, de alejarse?” Esto es aplicable a la relación con Dios porque, si se analiza qué está causando la emoción y se entiende que las emociones no son distracciones sino información, entonces, se pueden llegar a comprender más profundamente y trabajar para cambiar o mejorar las circunstancias personales con Dios.
No solamente se pueden vivir emociones positivas y de alta energía ante Dios y todo lo que le rodea, sino que es válido también experimentar emociones negativas cuando las circunstancias personales no son favorables. Puede ser el caso cuando se vive alguna pérdida por muerte, separación, divorcio, cambio de ciudad, despido laboral, injusticia, situación económica, y muchas más.
En el momento, la incomprensión o desilusión por lo que sucede se puede convertir en enojo, desesperanza, impotencia ante lo que se cree que son “oídos sordos” de Dios. Pero, si esas emociones negativas se analizan bajo la luz de la relación personal con Dios, se pueden aceptar y, entonces, convertir en momentos de aprendizaje y crecimiento personal y espiritual. Como dice la canción “Te Adoraré”: “…Cuando lo que me rodea se aclara con Tu luz…”

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