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La Diócesis de Tampico celebra con fe y devoción la solemnidad del Corpus Christi en sus decanatos


Solemnidad de Corpus Christi en el Decanato Cristo del Mar
Solemnidad de Corpus Christi en el Decanato Cristo del Mar

Con fe y espíritu de adoración y alegría eucarística, este jueves se celebró la Solemnidad de Corpus Christi en los diferentes decanatos de la Diócesis de Tampico, una de las festividades más significativas para la vida de la Iglesia Católica, al resaltar la presencia real de Jesucristo en el sacramento de la Eucaristía.


Como parte de esta celebración diocesana, el obispo de Tampico, Monseñor Margarito Salazar Cárdenas, acompañó al Decanato Cristo del Mar, donde presidió la Santa Misa solemne y posteriormente participó en la tradicional procesión con el Santísimo Sacramento por las calles aledañas a la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, concluyendo con la bendición eucarística.


Durante su homilía, el pastor diocesano destacó la centralidad de la Eucaristía en la vida cristiana, recordando que esta solemnidad posee carácter de misa de precepto, establecida así por la Conferencia del Episcopado Mexicano, invitando a los fieles a vivirla con la misma fe, alegría y devoción que una celebración dominical.


Monseñor Margarito explicó el profundo significado bíblico de esta solemnidad al reflexionar sobre el paso del pueblo de Israel por el desierto, narrado en el libro del Deuteronomio. Señaló cómo Dios sostuvo a su pueblo con el maná y el agua brotada de la roca en medio de un entorno adverso, marcado por el hambre, el cansancio y el peligro.


Sin embargo, enfatizó que aquel alimento pertenecía a lo antiguo, pues servía para fortalecer el cuerpo y permitir la supervivencia temporal del pueblo elegido. Frente a ello, presentó el gran don de la Nueva Alianza: Jesucristo, el Pan Vivo bajado del cielo.


Yo soy el pan vivo bajado del cielo”, recordó el obispo citando el Evangelio de San Juan, explicando que la Eucaristía no es solamente un símbolo o un alimento espiritual pasajero, sino el mismo Cristo que se ofrece para alimentar integralmente la vida del creyente.


En su reflexión, Monseñor Margarito destacó que quien recibe el Cuerpo y la Sangre de Cristo con dignidad, fe y disposición interior experimenta una transformación gradual en toda su existencia.


“El alimento de Cristo cambia la vida”, expresó al señalar que la comunión constante fortalece no solamente el espíritu, sino también la moral, la convivencia, el civismo, la misericordia y la capacidad de vivir con bondad hacia los demás.


El obispo subrayó que la Eucaristía no puede reducirse a un acto individual o intimista, pues la comunión con Cristo necesariamente lleva a la comunión con los hermanos. Citando la carta de San Pablo, recordó que quienes participan del mismo Pan forman un solo cuerpo en Cristo, fortaleciendo así la unidad de la Iglesia.


“Comulgamos al mismo Cristo aquí y en cualquier parte del mundo”, reflexionó el prelado, destacando que la Eucaristía crea vínculos de fraternidad y compromiso con quienes más necesitan de la solidaridad y cercanía cristiana.


Asimismo, invitó a los fieles a profundizar en el sentido espiritual de esta solemnidad meditando en familia las estrofas de la secuencia litúrgica del Corpus Christi, inspirada por la riqueza teológica de Santo Tomás de Aquino, para comprender mejor la grandeza del misterio eucarístico.


Al concluir la celebración, Monseñor Margarito Salazar Cárdenas acompañó con solemnidad la procesión del Santísimo por las calles cercanas a la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, donde sacerdotes, fieles, agentes de pastoral, niños, jóvenes y familias manifestaron públicamente su fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía.


Vicaría de San José
Vicaría de San José

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