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Diócesis de Tampico recibe el XXVI Encuentro Provincial de Seminarios Mayores

hace 16 horas
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XXVI Encuentro Provincial de Seminarios Mayores
XXVI Encuentro Provincial de Seminarios Mayores

Con el propósito de fortalecer la fraternidad, la comunión eclesial y el acompañamiento vocacional, la Diócesis de Tampico es sede del XXVI Encuentro Provincial de Seminarios Mayores, que se desarrolla del 14 al 16 de septiembre en las instalaciones del Seminario Conciliar de Tampico, con la participación de 145 seminaristas y 30 sacerdotes formadores provenientes de las diócesis que integran la Provincia Eclesiástica de Monterrey: Arquidiócesis de Monterrey, Diócesis de Saltillo, Diócesis de Piedras Negras, Diócesis de Nuevo Laredo, Diócesis de Matamoros-Reynosa, Diócesis de Ciudad Victoria, Diócesis de Linares y Diócesis de Tampico, anfitriona de este encuentro.


La celebración de apertura tuvo lugar este 14 de septiembre con la Santa Misa presidida por Mons. Margarito Salazar Cárdenas, obispo de la Diócesis de Tampico, y concelebrada por Mons. Carlos Alberto Santos García, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Monterrey y delegado provincial de Seminarios, así como por sacerdotes formadores de las distintas diócesis participantes.


Durante estos días, los seminaristas y sus formadores se reúnen para compartir la fe, estrechar lazos de amistad, reflexionar sobre el camino formativo y renovar la alegría de responder al llamado de Dios al ministerio sacerdotal. El encuentro representa también una oportunidad para reconocer que la vocación no se vive de manera aislada, sino en el seno de una Iglesia que acompaña, ora y trabaja unida por el surgimiento de nuevas vocaciones.


En su homilía, Mons. Margarito dio la bienvenida a los participantes y expresó su alegría por recibir en la Diócesis de Tampico a quienes consideró una esperanza concreta para las Iglesias particulares de la Provincia Eclesiástica de Monterrey.


“Me siento muy orgulloso de recibir a lo mejor de nuestras iglesias diocesanas, a lo mejor de nuestra provincia”, afirmó el obispo, al reconocer tanto la misión de los formadores como la presencia de los jóvenes que se encuentran discerniendo su posible llamado al sacerdocio.


Dirigiéndose a los sacerdotes responsables de la formación, destacó el valor de su servicio y experiencia vocacional: “Hermanos formadores, ustedes son algo muy valioso para nuestra provincia y nuestras iglesias diocesanas. Gracias por su ministerio”.


Asimismo, señaló que los seminaristas representan una promesa de esperanza para las comunidades cristianas, pues en ellos se deposita la oración y el esfuerzo de todo el pueblo de Dios. “Ustedes son un tesoro para nuestra provincia, un tesoro para nuestras iglesias particulares”, expresó a los jóvenes.


El obispo de Tampico subrayó que los seminarios deben ocupar un lugar prioritario en la vida pastoral de las diócesis, especialmente porque toda acción evangelizadora está llamada a promover y acompañar las vocaciones. En este sentido, recordó que la pastoral debe ser una pastoral vocacionalizada, es decir, una pastoral que ayude a cada persona a descubrir la llamada que Dios le hace en su vida.


Uno de los ejes centrales de su reflexión fue la necesidad de construir una verdadera familia seminarística. Mons. Margarito explicó que un seminario que forma comunidad genera vínculos profundos entre seminaristas, formadores, sacerdotes, obispo y la comunidad diocesana.


“Uno de los propósitos fundamentales que tenemos en los seminarios es formar familia, formar comunidad”, señaló, al destacar que esta fraternidad permanece incluso después de la ordenación sacerdotal y se convierte en una riqueza para la Iglesia local.


El prelado también puso especial énfasis en la Eucaristía como fuente y centro de toda comunión. A partir de la enseñanza de san Pablo sobre las divisiones en la comunidad de Corinto, recordó que el altar y el sagrario deben ser el corazón de la vida de los seminarios.


“La Eucaristía forma unidad, forma comunión, forma familia”, afirmó, al señalar que toda la vida del seminario debe brotar del encuentro con Cristo presente en el Sacramento.


Por ello, invitó a que la formación sacerdotal tenga siempre como centro a Jesucristo y abarque todas las dimensiones de la persona: humana, espiritual, pastoral, académica y comunitaria. El objetivo, explicó, es acompañar un proceso integral que permita a cada seminarista alcanzar la madurez necesaria para responder con libertad, generosidad y fidelidad al llamado de Dios.


Mons. Margarito exhortó a los participantes a vivir el encuentro como una oportunidad para reconocerse unidos por una misma fe y una misma misión. “Que seamos proclamadores de la muerte de nuestro Señor Jesucristo y su resurrección hasta que vuelva”, expresó.


Finalmente, pidió que la convivencia, el diálogo y las actividades del encuentro estuvieran animadas por la certeza de que Cristo muerto y resucitado es el centro de la vocación sacerdotal y de la vida de la Iglesia.


El XXVI Encuentro Provincial de Seminarios Mayores continuará hasta el 16 de septiembre, como un espacio de fraternidad, formación y renovación espiritual, en el que los futuros sacerdotes y sus formadores buscan fortalecer la comunión eclesial y responder con esperanza al llamado de Dios al servicio de su pueblo.

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