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Ante el Santísimo, la Vida Consagrada renueva su entrega total a Dios



El pasado 2 de febrero se llevó a cabo la celebración de la Vida Consagrada en el convento de las Madres Adoratrices en un ambiente de profunda oración, gratitud y comunión fraterna. Reuniendo a religiosas y fieles para dar gracias a Dios por el don de quienes han entregado su vida totalmente al servicio del Reino.


La jornada dio inicio con la adoración al Santísimo Sacramento del Altar, momento central que permitió a los asistentes encontrarse con Cristo vivo y presente en la Eucaristía.


Durante la exposición solemne, se ofreció también el sacramento de la Reconciliación, permitiendo a los fieles obtener la indulgencia plenaria, conforme a las disposiciones de la Iglesia, en un clima de recogimiento y misericordia.


Posteriormente, se celebró la Santa Eucaristía, culmen y fuente de la vida cristiana, en la que se elevó una oración especial por las personas consagradas, agradeciendo su testimonio silencioso y fecundo de fidelidad, obediencia y amor radical a Dios.


La liturgia recordó que la vida consagrada es signo profético de esperanza para una Iglesia que camina en medio de los desafíos del mundo actual.


Al término de la celebración eucarística, las comunidades participantes compartieron un convivio fraterno, espacio que fortaleció los lazos de comunión y permitió celebrar la alegría de la vocación vivida en comunidad, como auténtico don para la Iglesia diocesana.


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