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Decanato San Pedro y San Pablo Vivió el Primer Taller de Difusión y Apropiación del II Plan Diocesano de Pastoral

Integrantes del Decanato San Pedro y San Pablo
Integrantes del Decanato San Pedro y San Pablo

Con espíritu de comunión, alegría y renovado ardor misionero, el Decanato de San Pedro y San Pablo vivió el Primer Taller de Difusión y Apropiación del II Plan Diocesano de Pastoral, una jornada que fortaleció la unidad y la corresponsabilidad en la misión evangelizadora de la Diócesis de Tampico.


Este sábado se llevó a cabo el encuentro, en un ambiente fraterno y de profunda vivencia eclesial, en el salón Cantarell del Club de Ingenieros Petroleros. Participaron 75 laicos, tres religiosas y seis sacerdotes, sumando 84 asistentes provenientes de las parroquias de la Encarnación, el Rosario, Nuestra Señora de Lourdes, San José, San Pedro y San Pablo, y María Auxiliadora. Fue una expresión viva de Iglesia que camina unida, con el deseo de responder fielmente a los desafíos pastorales actuales.



La jornada estuvo acompañada por momentos de oración, reflexión y trabajo comunitario. El Pbro. Gustavo Solís Guillú animó la bienvenida y motivación inicial, además de presentar los temas prioritarios del Plan. La Hna. Esther Flores Banda, MCSJ, ofreció una profunda exposición sobre el sentido de un Plan Diocesano de Pastoral, ayudando a comprenderlo como un instrumento de comunión. Más adelante, la Hna. Ana Verónica Montoya Salgado, MCSJ, guió la dinámica “Sembradores del Plan”, invitando a asumir compromisos concretos y posibles en cada parroquia.


El taller subrayó que el II Plan Diocesano no es solo un documento, sino un camino espiritual y pastoral que conduce a Cristo. A lo largo de la mañana, los participantes compartieron inquietudes, experiencias y esperanzas, reconociendo que la fuerza de la Iglesia nace cuando todos caminan en la misma dirección, iluminados por el Evangelio y el Magisterio. Así, el Plan se presentó como una brújula que orienta la vida pastoral hacia una Iglesia más cercana, compasiva y misionera.


El ambiente vivido dejó en el corazón de los asistentes un renovado entusiasmo por servir. Cada compromiso asumido fue entendido como una semilla sembrada con fe, confiando en que Dios dará el crecimiento. Sacerdotes, religiosas y laicos reafirmaron su vocación de ser discípulos misioneros en sus parroquias, familias y ambientes cotidianos, especialmente allí donde más se necesita una palabra de esperanza.


Al concluir el taller, quedó clara la convicción de que el II Plan Diocesano es una oportunidad providencial para fortalecer la comunión y renovar la misión. Con la mirada puesta en Cristo y de la mano de María, la Iglesia en Tampico continúa su caminar sinodal, confiando en la acción del Espíritu Santo, que guía, anima y hace fecundo todo esfuerzo realizado por amor al Evangelio.


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